Las preocupaciones y sus consecuencias.

Las preocupaciones y sus consecuencias
Con frecuencia nos preocupamos mucho más de lo que creemos. Las preocupaciones se vuelven un hábito.

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Con frecuencia nos preocupamos mucho más de lo que creemos. Las preocupaciones se vuelven un hábito.

Consideramos la preocupación como algo positivo. Pensamos que es:

  • Una muestra de nuestra responsabilidad.

  • La única manera de resolver nuestros problemas.
  • Una forma de evitar grandes dificultades, conflictos o peligros.

Cuando pensamos así, nos sentimos bien al preocuparnos y rechazamos la posibilidad de no hacerlo.
Nos da miedo volvernos irresponsables.

Las pre-ocupaciones inmovilizan, nos llenan de temor e incluso de malestar físico (dolores de cabeza, de espalda, insomnio, etc.). Es desgastante atender a lo que acontece en el presente y encima pre-ocuparse de aquello que puede sobrevenir.

Otro engaño: Pre-ocuparse por alguien no significa que lo quieras más. Puedes quererlo igual y ocuparte de ayudarle.

La clave para evitar pre-ocupaciones suele estar en las preguntas: ¿Qué puedo hacer en esta situación? ¿Puedo arreglar algo? Pues, si es así,¡actúa!

Hay preocupaciones que pueden evitarse

Supongo que habrá quien piense que en ocasiones es inevitable pre-ocuparse. Es cierto, pero también lo es que hay preocupaciones que pueden evitarse.

En definitiva, a través de la preocupación creemos que en parte podemos controlar los acontecimientos y circunstancias de nuestra vida, nos creemos que estamos haciendo algo para solucionar lo que nos inquieta, cuando realmente sólo conseguimos ponernos más nerviosos.

Algunas personas, tienen una tendencia a estar constantemente preocupadas, bien porque así lo han vivido y aprendido de sus progenitores o bien porque forma parte de su carácter, personas temerosas que necesitan tenerlo todo controlado, pero que sobre todo, viven con miedo a lo que les pueda suceder.

Actitudes que tomamos ante las preocupaciones

Actitud derrotista.

Si pensamos que aquello que nos preocupa no tiene solución o que vamos a fracasar en el intento de solucionarlo, estamos reduciendo las posibilidades que tenemos de arreglarlo debido a nuestra actitud negativa y derrotista.

Actitud positiva.

Cuando pensamos que todo va a salir bien, nos sentimos confiados, seguro de nosotros mismos y, por tanto, convencidos de que hay solución a nuestros problemas. Esta actitud es garantía de un resultado exitoso y favorable a nuestros deseos, pues nos predispone a la lucha, a mantener una actitud activa y a no dejarnos llevar por el desánimo.

Buscar soluciones.

La mejor actitud ante las preocupaciones es buscar si aquello que nos preocupa tiene o no solución. Si la tuviese hemos de actuar activamente, buscando la mejor solución y si, por el contrario, estamos preocupados por algo inevitable que no se puede solucionar, entonces debemos asumirlo cuanto antes y no atormentarnos pensando constantemente en ello.

Evitar anticiparnos.

En ocasiones, nos preocupamos por hechos que pensamos que pueden ocurrir, pero que sin embargo no están sucediendo. Nos adelantamos a los hechos y sufrimos como si realmente estuviese sucediendo cuando lo más probable es que nunca llegue a ocurrir. Ante estas circunstancias, la mejor actitud es huir de estos pensamientos y ocupar rápidamente nuestra mente en otros menesteres.

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