Como ya todos sabemos, la tristeza es un estado de animo más, y por lo tanto, tiene una función adaptativa. Al igual que el miedo nos ayuda a huir del peligro, la ira nos incita o prepara para luchar y el disgusto nos hace rechazar cosas que nos podrían hacer daño.

Tenemos como objetivo final ser felices, y luchamos tanto por conseguir la felicidad, que nos olvidamos de las demás emociones, y de lo que éstas nos quieren comunicar. Cuando nos sentimos tristes, a menudo hacemos todo lo posible por evitar esta emoción e intentar rápidamente estar felices, pero la tristeza no debería evitarse. Y seguramente os preguntaréis, y ¿esto por qué? Porque al igual que cualquier otro estado de ánimo tiene sus facetas positivas y trata de comunicarnos y/o ofrecernos algo.

¿Cuál es la función adaptativa de esta emoción?

Pongamos, por ejemplo, la tristeza que produce una pérdida irreparable. Por perdida, no entendemos únicamente la muerte de un ser querido, ya que puede ser un cambio o pérdida de trabajo, pareja, familiares, amigos, ciudad…

Las consecuencias que tienen estos cambios o pérdidas sobre nosotros son la disminución del interés por cosas que anteriormente eran placenteras para nosotros y nos fijamos única y exclusivamente en aquello que hemos perdido. Todo este proceso del que queremos huir, es necesario tanto para el cuerpo como para la mente, ya que impone una pausa momentánea que nos sirve para renovar nuestra energía y comenzar con nuevos proyectos. Con otras palabras, la tristeza nos ofrece un refugio, que se traduce en un periodo de retiro y duelo necesarios para asimilar la pérdida.

Por lo tanto, es un período en el que podemos llevar a cabo los ajustes psicológicos pertinentes y, establecer nuevos planes que permitan que nuestra vida siga adelante. Poniendo un ejemplo, sería como cuando nos hacemos una lesión en una pierna. Necesitamos ir al médico y guardar reposo. Si no guardamos el reposo necesario, nuestra lesión empeoraría. Podemos intentar ponernos una venda e intentar hacer vida normal, pero la lesión está ahí y si no se cura volverá a aparecer en cualquier otro momento.

A modo de resumen cabe entender que la tristeza es útil y adaptativa, en cambio la depresión no lo es. La tristeza es una reacción de adaptación, propia de nuestro organismo, que está llena de sentido, pero cuando la tristeza se convierte en un compañero constante, sin motivo concreto y reconocible, estamos ante una señal de alarma.

2017-10-31T00:49:00+00:00

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