Muchos estudios en los últimos años han puesto de manifiesto el vínculo complejo que existe entre emoción y alimentación, tanto es así que el intestino ha pasado a denominarse “el segundo cerebro” ya que todo lo que ingerimos puede afectar a nuestras emociones de igual manera que todo lo que sentimos puede llevarnos a un tipo u otro de alimentación; todo esto desempeña un papel fundamental en las dietas para adelgazar. Debemos plantearnos si estamos en el inicio de una era en la que ya se sufren las primeras consecuencias de la delgadez a toda costa: la inestabilidad emocional.

¿Las dietas para adelgazar generan inestabilidad emocional?

Como dicen mucho de los expertos en TCA (trastornos de la conducta alimentaria), la delgadez a toda costa, se paga caro. En nuestro artículo de hoy vamos a centrarnos en analizar los factores psicológicos que hay detrás del fracaso de las dietas milagros así como queda afectada la salud emocional de millones de personas que se enfrentan en su día a día a una dieta para perder peso.

Según la encuesta “XLS Medical sobre los factores de éxito y fracaso en el intento de adelgazar” realizada a 2.994 personas, el 81% de los españoles fracasan al hacer una dieta para perder peso a pesar de que el 76% reconoce no estar contento con su peso actual. Obviamente la lectura que debemos hacer de estos datos es que “algo va mal” o no se está haciendo bien. Esto llevó a los responsable del estudio a interesarse sobre los aspectos que hacen que las personas no sean capaces de perder peso y qué está detrás de tanto fracaso en las dietas sanas.

Inestabilidad emocional y las dietas para adelgazar

¿Cómo influyen las emociones en que las dietas sanas sean un éxito o un fracaso?

Lo primero a tener en cuenta cuando hablamos de éxito a la hora de llevar a cabo una dieta rápida es que la constancia (85%), la motivación (58%) y el deporte (51%) son los principales factores que influyen a la hora de que consigamos la pérdida de peso; siendo así, la estabilidad emocional cumple un papel fundamental en ello. Muchos estudios han dejado entrever que los factores psicológicos como son la ansiedad, tristeza, ataques de ansiedad o simplemente emociones básicas negativas constituyen un obstáculo para la consecución de los objetivos para perder peso rápido.

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¿Por qué las dietas milagro NO funcionan?

Las dietas planteadas como “milagro” o “rápidas” suelen estar basadas en un criterio fundamental (sobretodo las que una persona inicia sin control profesional): la restricción. Sabemos por qué este tipo de dieta milagrosa no funciona. La respuesta está en conocer como funciona la Teoría de la Restricción para nuestro cuerpo. Así funciona tu emoción en una dieta.

Estabilidad emocional, cómo influyen las dietas para adelgazar. Teoría de la Restricción

En resumen, dejas de darle a tu cuerpo lo que necesita (restringes), esto te lleva a un estado crónico de hambre que te hace perder control sobre el apetito y la comida, por lo que acabas en episodios de atracón (que le hacen recuperar al cuerpo todo lo que no le has dado durante un día). Conclusión: acaba habiendo una incoherencia en la dieta ya que por un lado le “quitas” comida que le devuelves a modo de atracón pasado un tiempo. Por este motivo las dieta rápida, no es una opción.

Hambre Emocional: qué es y cómo funciona

Son muchas las veces que abrimos el frigorífico y nos tiramos a la frustración, a la tristeza, a la ansiedad, a la culpa, a la inseguridad, a la baja autoestima… tenemos nuestras baldas llenas de emociones negativas a disposición de nuestra manifiesta HAMBRE EMOCIONAL.

Comer forma parte de los procesos más básicos de los seres vivos, y nosotros nos hemos encargado de sofisticarlo poniéndole orden y horario. Pero, y ¿cuándo este proceso se convierte en un caos? y ¿cuándo este “hambre” es una manifestación física de una emoción que está pidiendo ser consolada o silenciada? ¿Y cuándo la comida se ha convertido en un aprendizaje de canalización de emociones? Desde nuestra infancia, la comida ha tenido historia condicionante de refuerzo y castigo (premio con gominolas o castigo sin postre, por ejemplo). De adultos, celebramos alegrías con comidas (bodas, cumpleaños, reuniones familiares, encuentros con amigos…).

La comida ya no tiene solamente un significado fisiológico, sino emocional y cobra un papel protagonista cuando nos sentimos bien. Asociamos, de esta forma, la comida con emociones positivas y esta asociación permanece en el tiempo. Así, la mayoría de las veces, cuando tenemos ansiedad por comer más o tomar dulces, en realidad lo que tenemos es hambre de compañía, de afecto, de tranquilidad, de seguridad. Y si consideramos que nos hemos pasado, puede que entre en escena nuestra amiga la culpa. Y a partir de ahí, si la persona no sabe bien manejar esas emociones, empezará con conductas poco adaptativas y poco saludables.

Dentro del correcto hábito de la comida aparecen tres procesos:

  1. el hambre fisiológica (cuando nuestro cuerpo necesita nutrientes para su correcto funcionamiento)
  2. la saciación (cuando se resuelve el hambre)
  3. la apetencia (necesidad emocional de consumir un determinado alimento)

 

Estos procesos van unidos para poder disfrutar de la ingesta al tener hambre, y saber parar al estar saciados. Pero cuando tenemos problemas emocionales todo esto se separa y comenzamos a DEVORAR EMOCIONES sin freno. Recurrimos a nuestro repertorio de “alimentos placenteros asociados” con la intención de retrotraernos a las emociones agradables.

“Y esos alimentos suelen ser hipercalóricos, sin duda, porque son los que repercuten directamente en el estado de ánimo haciendo que mejore, o ¿se ha visto muchas veces comiendo coliflor cuando ha estado “de bajón” o cuando queda con amigos un sábado? Comemos emociones y tomamos distancia del problema, los dejamos en un segundo plano. En esos momentos comer no hará que el problema desaparezca, pero hace que la tensión emocional se disipe.”

¿Qué podemos hacer para controlar el comer emocional? Comer algo porque nos apetezca no entraña un problema en sí mismo, se convierte en ello cuando comer es la única vía de gestión emocional que encontramos, cuando aumentamos de peso y nos obsesionamos. O cuando dejamos de comer porque distorsionamos nuestra imagen corporal.

Para discernir si tenemos hambre emocional o hambre real, hemos de aprender a detenernos un momento y observar la situación de hambre que estamos sintiendo. Cuando conseguimos parar, analizar y sentir, estamos dando un paso más en la consciencia sobre nuestro cuerpo. Si experimentas ansiedad por la comida: ¡detente y observa! No intentes que se vaya, pero tampoco te dejes llevar por ella. Acepta la incomodidad de esa emoción negativa o el beneficio consciente de la emoción positiva. Puede que se vuelva más intensa o incluso dolorosa; no pasa nada. Acéptala y date cuenta de lo que ocurre. A menudo encontrarás un gran mar de emociones como miedo, ansiedad, tristeza o pena tras las ganas de comer algo.

 

Si esperas unos 5 minutos antes de comerte ese pedacito de chocolate o de helado serás capaz de discernir si realmente es lo que necesita y quiere tu cuerpo o, simplemente, lo estás buscando como excusa para acallar una emoción, desestresarte o premiarte por haber aguantado el tipo durante todo el día. Tomar el control sobre la comida es tomar el control sobre tu vida y tus emociones, y eso siempre es crecimiento.

 

¿Por qué las dietas generan inestabilidad emocional en la persona?

Hay que recordar que la obesidad es un problema crónico y que para combatirlo se necesita tiempo y constancia.

La gran mayoría de las personas que quieren bajar de peso no quieren seguir este patrón. El hecho de no ser obesos como tal, sino simplemente tener sobrepeso, les hace querer seguir un modelo diferente en el que la rapidez y el poco esfuerzo suelen ser los protagonistas.

Inestabilidad emocional y las dietas para adelgazar

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